domingo, 18 de septiembre de 2011

Vida después de la vida (Martín Rango, 4to. Et. III)

"Hace millones de años en una tribu lejana nació un niño: sus padres decidieron llamarlo Quebracho."


El paisaje del lugar donde vivian era triste y todos sus habitantes vivian bajo los fuertes rayos del sol. Los indios morían de insolación; el agua era escasa; la vegetación no existía y los animales no lograban  sobrevivír. Sin embargo, Quebracho crecía fuerte y sano día a día; nadie podia entender como sucedía ya que todos allí, tarde o temprano, morían desnutridos. Lo que sucedía era que, a escondidas, Quebracho se alimentaba su de tierra y agua.
Un día su madre fue a despertarlo y vio que los dedos de los pies y de las manos de su hijo habían crecido de una forma impresionante. Rápidamente fueron en busca de la arpía, quien era la hechicera del lugar.  A  pesar de su esfuerzo, no pudo encontrar la fórmula para que el niño volviera a la normalidad: pasaron días y, según lo que decía la arpía, el niño empeoraba.
Sin embargo, un día Quebracho salió a caminar por el pueblo junto a su madre y, a medida que caminaban, su pelo comenzó a caer sobre la tierra e inmediatamente desapareció  sumergiéndose en ella.   
Esa misma noche, Quebracho salió nuevamente de su casa, pero nunca nadie volvió a verlo. No obstante, al amanecer, toda la región estaba sembrada de verdes árboles: había uno más grande que los demás, el cual se encontraba en la puerta de su casa.

Cuentan que desde entonces los Quebrachos nacen para dar sombra, belleza y vida a los lugares menos esperados

La ninfa ingenua (Matías Ezequiel Aranda, 4to. Et. I)

Era una mañana primaveral en Bahía, “Caimán” estaba cerrando sus puertas luego de una larga noche y Mariela, una de las ninfas que bailaba en aquel bar, se preparaba para el largo viaje que la traería de nuevo a su humilde hogar.
 Ella vivía en las afueras de la ciudad con algunas amigas (el propósito era dividir el alquiler ya que su sueldo no era abundante). Por desgracia, el trayecto que tenía para volver a su casa desde “Caimán” no era el más confortable, ya que el colectivo que la llevaba pasaba por suburbios en los que se subían muchos sátiros. (Claro que esto no era un gran problema para ella ya que en su trabajo lo que más abundaba eran sátiros, que la veían bailar, aunque tampoco era de su agrado tener que estar con ellos hasta llegar a su casa.)
La mayoría de las veces que Mariela iba a trabajar, regresaba con Juana, una de las amigas con quien vivía y trabajaba en el mismo lugar; sin embargo, esa semana no había podido trabajar ya que estaba enferma,  por lo cual Mariela tuvo que viajar sola durante toda esa semana.
Si bien para Mariela era normal estar con sátiros alrededor, esa semana había algo inusual en uno de ellos: en la parada de Callao y Corrientes subió al colectivo un sátiro muy raro para ella, ya que parecía más agradable que todos los demás; más pulcro y, además, se vestía bien
Compartieron algunas palabras esas veces que ella viajo sola; de hecho, Ramiro, el sátiro, era muy amable y simpático. Esto no era normal en ellos, dado que por lo general se destacaban por ser poco amigables. Vivian borrachos  y eran bastantes guarangos y  les encantaba hostigar a las ninfas.
Esta noche Ramiro volvió a hablar con Mariela, y se ofreció a acompañarla hacia la casa ya que había unos sátiros, que como siempre, la estaban molestando. Ya fuera del colectivo y habiendo caminando las seis cuadras que la separaban de la parada del colectivo a su casa, decidieron sentarse en un banco de plaza que estaba de camino.
 No había que ser muy inteligente para darse cuenta de que a Ramiro le atraía mucho ella; una de las grandes características de las ninfas es su gran belleza, así que para Mariela era algo normal sentir que los sátiros la deseaban. Luego de conversar un largo tiempo, Ramiro se acercó lentamente a ella, y muy romántico como un gran galán, la besó.
 Para Mariela esto fue muy raro, ya que ella jamás se había sentido atraída por uno de ellos, pero Ramiro la había hecho sentir tan bien que ella continuo besándolo. Lo que menos se esperaba Mariela era que este sátiro en realidad solo estaba mintiendo. Cuando ella menos lo esperaba, Ramiro sacó su cuchillo y se lo clavo en la garganta; luego de que Mariela dejara de dar señales de vida, la cargó en su lomo y la llevó hasta la casa en donde vivían los demás sátiros; entre todos, la pusieron en una hoguera y la tiraron en el fuego. Ellos hacían esto cada seis meses para rendirle culto al dios Baco.

"Senza titolo" (Julián Puppo, 5to. Cp. II)


El brownie logró vencer sus miedos y se atrevió a golpear la puerta de la sala. La puerta se abrió de par en par y el brownie observó que la reunión de la EOG (Elite oligarca gnoma) ya se encontraba presente en el lugar.
 La EOG estaba compuesta por los máss adinerados y bien constituidos gnomos de toda la nación; el brownie notó cómo las caras de los gnomos expresaban asco, rabia y odio hacia él: claro estaba, él era un brownie que venía a defender los derechos para la gente de su estirpe.  De repente el gnomo con la barba más larga se acercó al estrado y dijo: - Asquerosos brownies, ¿Quién creen que son? La gente de su estirpe jamás debería considerarse con los mismos privilegios, solo los gnomos con sangre real serían capaces de proteger los tesoros de los ancestros.
Un gran revoloteo se produjo en la sala, los brownies empezaron a gritar frenéticamente. Los gnomos permanecieron en silencio, con los ojos llenos de rabia hacia las estradas donde se encontraban aquellos revoltosos brownies. Sonó un estruendo impresionante en la sala y en seguida un silencio enorme se apodero del ambiente. El brownie rastreó de dónde provenía el sonido y se percató de que salía de un aparato estrafalario (su material era difícil de identificar y tenía una forma  similar a la de una pierna de burro).
 El aparato se encontraba en las manos de un gnomo de tamaño medio, quien, si bien no se diferenciaba mucho de los gnomos de la EOG, tenía un aura de bondad y sabiduría que lo distinguía del resto de los gnomos. Se presentó a sí mismo como Spilfoon y empezó con su discurso:
-Señores, estamos aquí reunidos para lograr la paz de todas las especies posibles. Es bien sabido que si bien siempre fueron los gnomos los que protegían los secretos y tesoros ancestrales en las montañas, los brownies también están capacitados para hacer este trabajo. Aunque la mayoría de los gnomos lo quieran negar, los brownies son parientes cercanos de los gnomos, ¡mírense, señores! ¡La contextura física es bastante parecida! La tez de piel y rasgos faciales no hace nadie ni peor ni mejor; quieran o no, todo ser viviente racional tiene derecho a ser distinguido y premiado por sus logros, por sus capacidades, por su inteligencia, por su utilidad y no por algo tan superficial como lo son los rasgos del cuerpo. Hermanos brownies, hermanos gnomos, ¿acaso qué somos? ¿Humanos? Nosotros somos seres inteligentes, pacíficos; debemos unir nuestras fuerzas para resguardar al mundo mágico y los secretos de las montañas de los humanos. Cuanto más apoyo tengamos de todos los seres mágicos, más posibilidades tendremos de seguir ocultos y el mundo mágico no entrara en contacto con el inmundo, gris y cruel mundo humano.
De repente uno de los gnomos de la EOG se levantó en silencio y antes de que el Spilfoon pudiera terminar su discurso, hizo un movimiento con las manos. Sin pausa, todos los gnomos de la EOG se levantaron; el gnomo que había hecho el gesto de la mano era uno de los funcionarios más importantes y poderosos de la EOG. Sin ni siquiera pestañar, arrojó un hacha a la cabeza del Spilfoon, quien cayó como jarrón al piso  (o al menos este fue el impacto que produjo en todos los integrantes de la reunión).
 El lugar se paralizó; todas las personas se quedaron estupefactas (incluso la EOG) observando la sangre  que fluía desde el cráneo del cadáver de Spilfoon. Al instante se produjeron gritos, movimientos repentinos, peleas, golpes, hachazo; el caos era impresionante. La batalla por la supervivencia de estirpes había comenzado, algunos gnomos peleaban del lado de los brownies, pero el caos era tan grande que no se sabía qué gnomos pertenecían a la EOG y cuáles no. Los gnomos se mataban entre ellos, y los brownies a los gnomos.  Sin embargo, increíblemente, la batalla sucumbió en victoria de los integrantes de la EOG. Todos sus integrantes se reconocían fácilmente por el símbolo que llevaban en la tunica.
Pasaron los meses, la EOG tomó el control del gobierno del mundo mágico; el líder de la EOG, llamado Gnamolf Firfer ordenó la captura de todos los brownies existentes, y desafortunadamente también de aquellos gnomos que estuvieran en desacuerdo con el gobierno de turno. Los gnomos firferianos trabaron pactos con algunos humanos, los pocos que conocían la existencia del mundo mágico. Este pacto consistía en la entrega de los brownies para convertirlos en alimento.
Así fue como los humanos, pertenecientes a empresas como Barcor y Merrabusi, compraron los brownies, y con su magia inventaron una comida que haría que todos los humanos se volvieran incapaces de ver el mundo mágico; una comida que les gustaría a todos humanos, y como ningún humano sabio de la existencia de los brownies, decidieron ponerle "Browney" a aquella deliciosa comida. Algunos otros humanos también decidieron utilizar los brownies, para otras investigaciones gastronómicas, e inventaron algo llamado la “Gola-cola”. Cuenta la leyenda que en el logo de “Gola-cola” se puede observar un brownie que es asesinado mediante un hacha por un gnomo.

La Esfinge y el Ejército de Anubis (Gaspar Urcelay, 5to. Cp. I)

En el siglo X un pueblo egipcio vivía pacíficamente protegido por una gran esfinge, que estaba situado en el medio del pueblo. Ella había sido creada por los terratenientes para proteger al pueblo ante casos como, sequías, tormentas de arena y guerras. Pero nunca antes habían tenido un problema mayor, cada momento en que la situación era critica, la esfinge convocaba los poderes de los dioses para cuidar su pueblo, que era comandado por la maldad, la avaricia y la esclavitud por causa del Maldito Anubis, un dios maligno. Él era el único que podía derrotar a la Esfinge, quien atrás ya lo había derrotado a Anubis y su cuerpo había sido enterrado lejos de pueblo bajo custodia por el ejército pueblerino. Sin  embargo, Anubis juró volver por su venganza.
Una mañana muy fría, le llegó un comunicado al  rey en el que se le comunicaba que el ejército que custodiaba la tumba de Anubis había desaparecido misteriosamente y que, a lo lejos, se percibía una gran tormenta de arena; la gente del pueblo se mantenía tranquila, porque la vieja esfinge los protegía ante la tormenta, pero el sabio viejo de la comunidad percibía una maldad oscura que se acercaba con gran rapidez; el pueblo, al recibir esta noticia, se exaltó y todas las familias se refugiaron en sus hogares. Día a día la tormenta era más fuerte y el pueblo se veía devastado aunque la Esfinge los protegía. El sabio viejo le había dicho al pueblo alguna vez que debería ser fuerte y luchar junto a la Esfinge, porque de lo contrario se devastaría, pero aun así nadie lo tomó en serio.  El pueblo se veía destruido, porque la Esfinge luchaba sola.
Una noche oscura y sin estrellas, todo se tornó terrible: Anubis y su ejército asecharon contra el pueblo,  todo el mundo corría dentro del pueblo. El ejército de Anubis, malignos monstruos con cuerpo de humano y cabeza de canino con miradas también malignas, destruían todo a su paso: cabañas en llamas, gente desgarrada y muertos a cada paso que daban. Anubis avanzaba lentamente y con una mirada fija hacia la Esfinge.  Ella despertó e invocó cada uno de los poderes de los dioses y un gran ejercito que ningún humano hubiera podido  imaginar, su poder; aun así la Esfinge estaba debilitada. Ningún humano le daba su apoyo.
Rápidamente la Esfinge y Anubis comenzaron a pelear; sus poderes eran inmensos, cada vez que alguno atacaba, por causa de sus poderes se producían resplandores y la Tierra se desgarraba. Pero aun así la Esfinge, cada vez que era atacada, por Anubis se debilitaba más.En un momento la Esfinge cayó rendida al piso por un golpe y en sus ojos se vio caer una lágrima; en ese momento todo el pueblo se quedó paralizado y la contempló.
Al notar esto, el pueblo tomó conciencia de lo que había dicho el anciano y todos empezaron a defenderse y comenzaron a pelear junto con la Esfinge.  Ella, al ver que el pueblo le daba su apoyo y confianza, y al ver también que luchaban junto a él, mostró una fuerza que jamás había demostrado y el ejército de los dioses comenzó a derrotar al ejército de Anubis con la ayuda del pueblo. Cada golpe que recibía Anubis era una fuerza devastadora; por esto se debilitaba más y más hasta que por un golpe de la Esfinge, se rindieron él y su ejército. Así Anubis y su ejército fueron enterrados en su tumba que nunca debió haber sido abierta.
Aun hoy el pueblo vive eternamente, feliz, bajo el cuidado de la Esfinge.

sábado, 10 de septiembre de 2011

Té de especias (Camila González, 5to. Cp. I)

En la habitación del fondo de una casa no muy lejana de un templo religioso, se encontraba una mandrágora, que no presentaba las mejores condiciones. La mucama de la casa se dirigió a  la última habitación, en la cual encontró la mandrágora, la que aún no estaba curada para ser utilizada como medicina.
La empleada la usó como especias para un té casero, el cual guardó para curar de gripe a la dueña de la casa. Ese té no había sido más que un estupefaciente sin ningún fin curativo, aunque al beber de esa sustancia, empezó a recordar todo lo que había olvidado de su oscuro pasado: su familia había pertenecido a una secta griega, en la que adoraban al demonio de la destrucción. La esfinge griega con rostro de mujer, cuerpo de león y alas de ave  perturbaba su mente, era el símbolo de adoración en la secta.
Se desvaneció por completo al visualizar en su mente perdida esos acontecimientos.
A la mañana del día siguiente, Juana, la señora de la casa, se había levantado muy confundida, sin poder pensar en otra cosa más que en esas visiones interminables que había; a partir de eso, muchas dudas se creaban en su mente, quería informarse más sobre sus antepasados.
 Salió de su casa para despejarse un momento, cuando desde un templo religioso muy cerca de allí se escucharon gritos desesperados que provenían de una mujer. Juana, ansiosa, se acercó al templo para ver lo que había ocurrido. Al ingresar, sintió que se ahogaba, no podría ver ni oír nada. Sintió que un ser extraño la tomaba de la mano y  acogedoras sombras la rodeaban. Jamás había sentido un placer igual, en los susurros se oía decir “Lilith”.
Al poco tiempo, encontró, oculto en un viejo cuarto de la casa, un libro con  los secretos de las sectas pertenecientes  a sus antepasados. Ese libro tenía como mandato sacrificar a una mujer para reencarnase en Lilith, un ente maléfico de la oscuridad de aspecto tenebroso.
Juana comprendió lo que había sucedido en el templo; algo le dijo que en su interior había perdido toda su armonía, que algo nuevo iba a venir. Así,  inmediatamente fue al templo y sintió un gran escalofrió al entrar en ese lugar; fue tanto su estremecimiento que ni siquiera podía mantenerse en pie. Fue así que Juana se cayó al suelo y, sin poder levantarse, sus ojos se cerraron, su cuerpo vacío perdió fuerza, la oscuridad y el frió lo llenaron por siempre, al susurrar: - Yo soy la deseada por Lucifer y rechazada del paraíso, soy Lilith, la dulce Lilith.

           

viernes, 9 de septiembre de 2011

Amor en el Bosque de los Cien Acres (Alfredo Saldaña, 5to. Cp. I)

           Samantha, era la Mandrágora más bella de todo el jardín. Su belleza particular y los relieves de sus ramas opacaban a las demás y las entristecía al punto del llanto (un llanto totalmente insoportable, agudo chillido que sólo aturdía y generaba mal humor).
            Samantha se destacaba además por ser diferente, era la única mandrágora que no lloraba ni gritaba… ella vivía feliz y sonriente, tan así, que sólo lograba despertar envidia entre las demás.
            Pero todas sabían que ella no podía ser así para siempre (no se puede ser feliz eternamente); sin embargo, parecía que no tenía problemas, a todo le veía el lado bueno, todo era positivo, colorido. Lo que nunca nadie supo era que Samantha tenía un solo y único problema: nunca se había enamorado, desconocía el amor, ese sentimiento que llamaban el más hermoso, el más especial.
            Un día, cuando nadie se esperaba la llegada de una nueva mandrágora, surgió algo realmente inesperado. El día estaba oscuro, gris, llovía, no había más que lluvia y todas las mandrágoras refugiadas en su rebaño, aburridas de ver llover. De repente, a la velocidad de un parpadeo, una nueva mandrágora había llegado al Jardín “Los Cien Acres”, una muy especial, ya que era de sexo masculino. Todas las mandrágoras habían quedado impactadas ante tal belleza, todos los ojos apuntaban hacia él, no existían otras direcciones. Pero los ojos de este nuevo ser tenían un brillo especial y apuntaban a una sola mandrágora, a Samantha.
            Fue un encuentro de amor a primera vista. Al quedar tan enamorados uno del otro, decidieron irse del jardín, solos, juntos… escapar para poder comenzar a formar una bella historia de amor.
            A partir de ese día, el jardín no era el mismo, le faltaba alegría, magia, color…
            Fue así que se tornó gris, triste, monótono y hasta aburrido; nada ocurría más que los gritos y los enojos entre las mandrágoras. Esto se repitió durante varios años y, llegado el 10 de septiembre de 1790, ocurrió el regreso menos esperado: Samantha.
            Volvió con una familia hecha, con una hermosa y numerosa familia, y las cosas volvieron a ser como antes y aún mejor, volvió a reinar la alegría, la paz y la felicidad. Desde ese día, las actitudes de las otras mandrágoras cambiaron, mejoraron y nunca más volvieron a gritar ni a llorar y así todos vivieron felices por siempre (o así ellos lo creyeron…).

lunes, 5 de septiembre de 2011

Un local muy misterioso (Maximiliano Gómez, 5to. Cp. II)

A pesar de ser un verano muy bueno para el crecimiento de cultivos y plantas, en el jardín de la casa no se podía apreciar la más mínima señal de vegetación, era un suelo seco y muy infértil.
Era una mañana de mucho calor. La dueña de la casa preparaba el desayuno, mientras su marido despertaba a los chicos. La pareja tenía tres hijos Juan, el más grande de 10 años, y sus dos hermanos gemelos, Federico e Iván de 5. A pesar de su corta edad, Federico era un chico tranquilo y bueno (todo lo contrario de su hermano Iván, quien era un chico demasiado inquieto, fanático de los dibujos animados.)
 Como todos los sábados, la familia desayunaba temprano para poder salir a hacer las compras semanales a la feria de su barrio.  Sin embargo, esa mañana en la feria ocurrió algo que nunca había pasado antes: Iván, el más pequeño de los hijos, se interesó en una estatua pequeña, con sombrero rojo, a la que comúnmente se llama “enanitos de jardín”, que se encontraba en uno de los puestos más alejados del parque, donde había objetos que el niño ni conocía y donde el señor que atendía parecía tener muchos años de edad  y misterio.
 Iván le dijo a sus padres que quería la estatua, pero al padre de la familia no le gustaba mucho la idea de comprar un objeto tan extraño en un local de la feria que jamás había visto antes; el niño, ante la negativa, empezó a llorar gritando desaforadamente que quería esa estatua. Los padres se sorprendieron, porque no sabían cuál era la razón y tampoco por qué le daba tanta importancia a ese objeto. Sin embargo, la llevaron igualmente para complacerlo.
Luego de salir de la feria, se dirigieron a su hogar;a allí vieron que no tenían dónde colocarlo. A pesar de no saberlo, el niño decidió ponerlo en el patio,  justo al lado de la puerta de entrada sobre el pasto quemado de su jardín. Esa misma noche ocurrieron cosas inimaginables.
Al levantarse esa mañana para llevar a los chicos al colegio, Rosa salió a revisar el buzón como todas los días y se sorprendió al ver allí los cambios: la entrada de la casa estaba cubierta de hermosas flores; el pasto que antes era amarillo quemado, había quedado totalmente transformado en un tono verde; las plantas y enredaderas trepaban sobre la reja de entrada; las semillas que había tirado Rosa años atrás, y no habían dado ni flores ni frutos, habían  florecido de la noche a la mañana. Era algo impresionante, ella rápidamente llamó al resto de la familia para mostrarles lo que había sucedido en su jardín.  
Al ver los cambios, todos se sorprendieron; sin embargo, algo se les había olvidado: Iván, al darse cuenta de la ausencia de su estatua, empezó a preguntar enfurecidamente dónde estaba. Nadie supo responder a su pregunta, todos la  habían visto por última vez cuando el niño había decidido colocarla al lado de la puerta, pero en ese lugar ya no estaba la estatua; solo había pasto crecido y algunas plantas de colores.
Luego de varias horas de búsqueda, decidieron dar la estatua por pérdida y volver a entrar a la casa; esto hizo que Iván se entristeciera, ya que se había obsesionado con la estatua desde el primer momento en que la vio. El padre al verlo así le dijo que le compraría otra para que levantara su ánimo y así fue: el sábado, como de costumbre, salieron a comprar, recorrieron casi toda la feria buscando aquel local extraño y allí estaba: era el más alejado, el último de todos.
Al entrar, quedaron totalmente sorprendidos al ver que el enanito de jardín que Iván había comprado una semana atrás estaba posado en la copa de un arbolito que había dentro del local. El padre lo tomó para llevárselo; lo que sucedió después fue aún más sorprendente: el arbolito en el que el enano estaba posado disminuyó su tamaño hasta quedar convertido en unas pocas semillas. Iván y su padre intercambiaron miradas como preguntándose qué había ocurrido, y fue ahí cuando el dueño del misterioso local les explicó a los dos que aquel ser no era un simple enano de jardín, sino que era un gnomo de jardín, quien tenía como tarea arreglar los jardines, hacer crecer los cultivos y regresar a su lugar de origen para que cuando alguien lo volviera a necesitar, estuviera allí.
 Así, Iván comprendió cuál era el deber de la estatua, lo cual hizo que no se sintiera mal. Tomó de la mano a su padre y juntos volvieron a su casa, a disfrutar de su hermoso jardín.